Teatro Camaleón: Una dramaturgia tejida a ritmo de bullerengue

Noticias | Viernes 21 de julio de 2017
Juan Diego Alzate
juanalzate@salallena.com

Estuvimos en cubrimiento especial del XXII Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble, en El Carmen de Viboral, en alianza con Cuarta Pared y recogimos las impresiones de varias de nuestras experiencias en este evento.

Teatro Camaleón: Una dramaturgia tejida a ritmo de bullerengue

Alejandra Londoño



En la primera noche de teatro de calle del XXII Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble tuvimos la ocasión de ver la obra “Érase una vez un pueblo bello” a cargo de esta agrupación teatral de Apartadó.

Esta es una obra contada y cantada a través del bullerengue que relata la historia de una masacre perpetrada por paramilitares en un corregimiento del municipio de Turbo, Antioquia a comienzos de los noventa. A través de pregones, el baile y la música interpretada en vivo con un grupo de tambores, esta propuesta construye una estampa del folclor afroantioqueño y nos plantea  una historia de la violencia vivida en esta zona del país en un viaje a la memoria que nos permite reconstruir por un momento cómo se ha manifestado la incursión de las autodefensas en este territorio.

Teatro Camaleón nos transmite mediante la tradición, los elementos folclóricos del baile y el canto  las vivencias del Urabá y manifiesta con esta puesta en escena esa necesidad que tiene el teatro de mantener vigente una memoria que no podemos perder, no solo la memoria oral y las raíces de nuestra ancestralidad afro sino también la de una guerra que no debemos dejar de contarnos para reivindicar a las víctimas, para permitirnos reconocernos en toda nuestra diversidad, en todas nuestras heridas y en la búsqueda de un posible final a estas vicisitudes de un conflicto que todavía no hemos superado ni entendido a cabalidad.

Cuando uno termina de ver esta obra entiende que más allá de los criterios de limpieza escénica o el potencial actoral  de sus integrantes hay una necesidad urgente de seguir escudriñando este teatro, que encuentra en los cimientos de la  identidad y la memoria de nuestra violencia una pertinencia absoluta que nos permite valorarnos y reconocernos como sociedad.