Amnesia: fragmentos del olvido

Noticias | Martes 31 de octubre de 2017
Verónica Valencia E.
cartared@gmail.com

"Amnesia", el estreno de Oficina Central de los Sueños es un tratado teatral sobre lo que olvidamos o no queremos recordar. Verónica Valencia nos cuenta en Salallena, qué recuerda después de verla.

Amnesia: fragmentos del olvido

Bolivar, personaje interpretado por Jesús María Riaza en "Amnesia". Foto: cortesía Teatro Oficina Central de los Sueños



Después de una de las sesiones más largas que he tenido con mi psicoanalista – y pareciera coincidencia que luego vaya a ver una obra llama “Amnesia”– salí corriendo; porque, ¡claro!, la sesión siempre dura poquito, pero no es sino que uno tenga un compromiso pa’ que dure más. Y corriendo, en contra de todas las predicciones, pude llegar a la Oficina Central de los Sueños, ahí diagonal al Parque del Periodista. Creo que en este punto es importante R E C O R D A R que el 19 de octubre, a las 8 pm, fue el estreno de su obra “Amnesia”.

Antes de entrar a la sala, en el café, había varias caras conocidas, caras de teatro, que conversaban entre ellos con el director de la obra, Jaiver Jurado Giraldo, tal vez sobre el tiempo, tal vez recordando, evocando las clases de La Mancha en Chile, de los primeros años de La Casa del Teatro, de cómo era todo hace 20 años, ¿acaso evitando la amnesia?

Apagón.

Primero:

Aunque la ciudad ha estado lo suficientemente fría por estos días, la sala estaba como si fuera una nevera. Nunca había sentido frío en una sala de teatro. Pero pude notar que el aire engendró el ambiente propicio para observar un hospital, un paciente, víctima de un accidente en moto, que perdió la memoria. Decía no reconocer a su esposa, al médico, ni a él mismo siquiera. “Él no ha muerto, sólo ha perdido la memoria”, replicaba esperanzada su esposa. Las luces verdes titilaban todo el tiempo, parecíamos ser nosotros los que estábamos hospitalizados, atrapados, con el frío, la luz verde, los gritos, la muerte.

Apagón.

Segundo:

En este país donde todos somos “no-muertos” pero duele recordar, en este país donde la violencia se ha llevado miles de víctimas, alguien tiene que hacerlo.

Claro, es un tema muy difícil y más cuando a uno no le ha tocado directamente. Pero de igual modo nos afecta, el desplazamiento forzado es inminente, ha “matado” tantas personas, que han perdido su vida, sus memorias. “Mis recuerdos son sólo míos, mi olvido me pertenece”, decía la mujer campesina al pensar dolorosamente en cómo su vida fue destruida por el desplazamiento, obligada a tener que irse a la ciudad, donde no conocía a nadie: sola, sola con una caja llena de recuerdos y dolores.

Alguien en el público llora, alguien recuerda…

Apagón.

Tercero:

No podía faltar, en este collage de personajes y situaciones, el libertador Simón Bolívar, quien hacia el final de su vida comenzaba a perder el juicio y deliraba con la ilusión de una nación sólida, en paz, llamada la Gran Colombia.

De repente, Macondo ha invadido la escena: Melquiades, Úrsula y el Coronel Aureliano Buendía trataron de explicarle a Bolívar que la peste del insomnio y el olvido se había tomado su pueblo y que en consecuencia empezaron a olvidarlo todo, tanto que tuvieron que ponerle rótulos a las cosas: “mesa”, “pared”, “ventana”, “Macondo”.

Apagón.

Cuarto:

La conquista hace parte de eso que todos sabemos que pasó. Por pocos detalles que tengamos, todos sabemos que los españoles vinieron y se llevaron, entre muchas cosas, el recuerdo que teníamos de una cantidad innumerable de dioses a los cuales les rezábamos y nos adoctrinaron en la religión de un solo dios, nos bautizaron, aquí lo vemos.

La noche al revés de Julio Cortázar: fue lo único en que pensé cuando la obra empezó a terminarse: el final era el principio, una imagen borrosa entre sueño y realidad. ¿Todo eso había pasado? ¿Fue imaginación del hombre que perdió la memoria en su moto? ¿Era él? ¿Éramos nosotros? “Él no ha muerto, sólo ha perdido la memoria”.

Apagón.

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Hay múltiples referencias al interior de la obra, que aunque no es necesario que usted se las haya leído para entenderla, sin duda le dan fuerza al concepto que quiere logar Jaiver Jurado. Aunque a simple vista las escenas parezcan no tener nada que ver, todo está unido por el hilo de la memoria, la violencia y la muerte: Cien años de soledad, la noche boca arriba, José Manuel Arango, los mitos indígenas, las crónicas de indias, entre otros. La obra es como un collage plagado de elementos se llevan muy bien entre ellos. Y es Melquíades, el gran gitano de Macondo, quien hace de mediador entre diferentes autores, tiempos, situaciones y recuerdos. En el trasfondo de la obra hay una pregunta por la identidad que se ve reflejada en la búsqueda de las raíces. Como buenos latinoamericanos que somos, siempre recordando, aparece el por qué somos como somos, el quiénes nos conquistaron y qué decidieron por nosotros.

Apagón.